Me quedo con la recepción de las gentes de Vélez de Benaudalla, su cariño, montañas, los llanos, prados, ríos, playas, embalses/presas, puentes, pantanos, cascadas, nacimientos de agua, fuentes, huertos en el poblado y el placer de comer. Además, el museo del aceite de oliva.
¡Para volver sin duda!